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Los misterios de la Sabiduría Hiperbórea

El misterio del encadenamiento espiritual

El misterio de los Siddhas traidores

El misterio de los espíritus Hiperbóreos femeninos

Por Christian C.

El argumento de la traición se halla enraizado desde el mismo inicio, en el «lila» de los Dioses.

Desde el Origen, habiéndose aproximado a este mundo, los Siddhas traidores traman el engaño mediante dos instancias, en las que proyectan el símbolo del Origen.

La miradas gnósticas del Siddha Hiperbóreo, alegorizado como una esfera, se exteriorizan o proyectan en sentido inverso, hacia el exterior, a un supuesto encuentro con Ella, la Dama del Origen, siendo una falsa imagen proyectada por los Siddhas traidores.

Aquí ocurre la reversión del «espíritu esfera», primer acto del encadenamiento espiritual. 

De la reversión del espíritu esfera, las miradas gnósticas, que previamente convergían (atento al modelo analógico de la esfera) en el núcleo del Yo absoluto, a partir de la reversión, divergen, sintetizándose en un polo infinito, más allá del mundo de los entes finitos.

Hasta aquí, el espíritu Hiperbóreo aunque extraviado, a causa del símbolo del Origen, la falsa imagen de Ella, mantiene no obstante su carácter infinito, siendo precisamente el «Yo infinito», llamado también el «Yo de la desorientación absoluta».

Debido a su hostilidad esencial, manteniendo la espalda frente al mundo demiúrgico, el Yo absoluto no advierte su propio extravío. Y en esto consiste el ardid de los Siddhas traidores!

El Yo absoluto, al dar la espalda al mundo del Uno, también está oponiéndose o dando la espalda a su propio Yo infinito, sus miradas revertidas.

Desde el otro lado digamos, el Yo infinito, aunque mire hacia su propio núcleo del Yo absoluto, tiene la interposición en el medio del mundo demiúrgico.

Surge aquí el segundo acto del encadenamiento espiritual, cuando los Siddhas traidores, revestidos de cuerpos arquetípicos entelequiados, y manteniendo la apariencia reptiloide, copulan con la raza Pasú, proyectando en la pasión del Maithuna una imagen del Origen (nuevamente, una imagen de Ella), lo cual atrae o capta alguna de las miradas del Yo infinito, en busca de orientación. En esta segunda instancia, una de las miradas desorientadas y revertidas del Yo infinito, también pretende falsamente ir al encuentro con Ella. Y de su reflejo en el símbolo del Origen en la sangre astral del Pasú, surge el Yo perdido del Virya, subsumido ahora en el sujeto anímico del Microcosmos, siendo tal Yo del Virya, una hipóstasis del Yo infinito. Hipóstasis atenuada y constreñida, bajo el marco de un Yo finito, que confundido miserablemente, se identifica con la estructura psico-física del Microcosmos en que se halla.

A este punto, conviene dejar en claro nuevamente, que tal ardid o engaño, contó de algún modo con el aval o consentimiento voluntario del propio espíritu Hiperbóreo, quien aceptó en cierta forma sumirse en tal olvido e ilusión, buscando experimentar a partir de su exteriorización y desdoblamiento proyectivo, las posibilidades en un mundo de copias del mundo verdadero, y yendo al encuentro y cópula metafísica con una «Ella» que no era tal.

Y he aquí la traición primordial. La traición del espíritu Hiperbóreo a su propia Dama del Origen, traicionándose de este modo a sí mismo, ya que El-Ella conforman una unidad polarizada inseparable.

Tal posibilidad, del olvido y separación de Ella, no es realmente posible, excepto en un «sueño», o lo que es igual, bajo una ilusión.

De allí la ilusión del enamoramiento y el amor en este mundo, siendo un poderoso tapasigno del A-mort original.

La reminiscencia inconsciente de Ella, bulle desde la Minne como el símbolo del Origen, moviéndose continuamente el Yo, buscando sin saber que busca. Y en su desorientación, esa reminiscencia inconsciente de Ella, la proyecta en una mujer de carne, surgiendo así la ilusión del enamoramiento, siendo fagocitado por el arquetipo Dama.

Tal como se refiere en «El misterio de Belicena Villca»:

«Como Hombre de Piedra, el Elegido resurrecto tendrá un

Corazón de Hielo y exhibirá un Valor Absoluto. Podrá amar sin reservas a la

Mujer de Carne pero ésta ya no conseguirá jamás encender en su corazón el

Fuego Caliente de la Pasión Animal.»

El «hombre de piedra» ha resignado completamente su lado anímico. Puede «manifestar un lado emocional» si su estrategia lo requiere, pero ya no es objeto de las emociones del mundo. De allí que su lado anímico o «corazón» ha sido tornado en piedra, y carece del «amor del mundo».

Su esencia espiritual por otra parte, no se torna o muta en nada, ya que es inmutable, como siempre lo fue desde la eternidad increada.

Por otro lado, en este mundo del Demiurgo, todo cuanto hay aquí, independientemente de su forma o apariencia masculina o femenina, no es sino una expresión o manifestación del mismo Demiurgo, de la substancia ordenada por él, siendo expresión de su propia Shakti. Es decir que cualquier puesta de sentido en este mundo, y búsqueda de placer o felicidad material, no se está sino interactuando con el Demiurgo. Aunque la forma perceptible sea quizá femenina, aquí es todo Él. En lo cual, hay un acto de homosexualidad implícita, en traición a la propia pareja original.

Visto esto desde otra perspectiva, se está en este mundo interactuando con la Shakti del Demiurgo lo cual mantiene también la impronta de la traición original.

Por supuesto que es distinto el caso cuando existe orientación gnóstica, y particularmente en el sendero de mano izquierda, donde uno parte de la misma materia, y de los elementos disponibles en este mundo con orientación al Origen.

En tal caso, puede una dama luciferina de este mundo, asistir al Virya (dado que el principio femenino es idéntico, independientemente de en quien se manifieste) pudiendo así despertar en la Minne el recuerdo de Ella en el Origen.

Más en tal caso estamos hablando de una mujer Lilith, y no de la mujer Eva.

Es la orientación gnóstica lo que se precisa, ya que de otra manera, todo en este mundo es demiúrgico, incluyendo el cuerpo físico presente, y no hay manera de eludirlo.

Debido a estos argumentos de la traición y homosexualidad, encuadrados desde el inicio en un marco demiúrgico, fue por lo que el Pontífice Nimrod de Rosario seleccionó en su orden algunas personas con estas tendencias, para así resignar el argumento de la traición y el de la homosexualidad.

Algunos iniciados (representativos cada uno de alguna de las 13 más 3 runas) resultaron traidores, más esto ya se hallaba contemplado en la estrategia del Pontífice.

Y no olvidemos que los Siddhas traidores, con el símbolo del Origen, también detentaban las 13 más 3 runas.

Luego tenemos también el misterio de los espíritus Hiperbóreos femeninos, tema del que Nimrod de Rosario también mantuvo en su momento cierta reserva, no desarrollando el tema en su exposición de la Sabiduría Hiperbórea.

Buscando aclarar algo de tal misterio (de lo que puede decirse o expresarse en este mundo a través del lenguaje, habiendo aspectos sólo comprensibles desde el Selbst en el éxtasis rúnico), tenemos que tales espíritus femeninos, a diferencia de los masculinos, no fueron revertidos, sino que en auxilio de los Hiperbóreos extraviados, acudieron encarnándose directamente, siendo su misma esencia femenina el Vril.

Y así es como ciertas mujeres evocan sin ninguna duda en la Minne de muchos Viryas, una reminiscencia o nostalgia del Origen perdido, de Ella.

Esto varía y depende de la pureza de sangre del Virya, pero esta presencia femenina rúnica, es de por sí suficiente para activar el recuerdo de sangre.

Y el mismo símbolo del Origen, pese a ser la causa del encadenamiento (siendo esto también un misterio en sí mismo), al ser conciencializado por la pureza de sangre, y con orientación gnóstica, remite a la Diosa verdadera del Origen.

Aquí paradójicamente los Siddhas traidores, en el mismo medio del encadenamiento, aportaron la llave de la liberación, traicionando también desde el inicio, implícita y potencialmente al Demiurgo…..

Más esa llave de liberación está oculta, en la sangre de los Viryas, y no permitirán sin combate que nadie la utilice.

La poderosa presencia femenina, y el recuerdo que puede suscitar en la Minne del Origen, es motivo suficiente para el odio que el Demiurgo mantiene hacia lo femenino, y todas las tácticas de degradación sexual en la sociedad operadas por la sinarquía.

La alianza de Lilith con Lucifer, o de las mujeres Lilith con Lucifer, ha perdurado en el imaginario colectivo como el trato oscuro del diablo y las brujas, con el odio de la Iglesia cristiana hacia las brujas, y a la mujer en general.

Algunos Viryas han considerado también que originalmente Lilith (siendo un término genérico puede aplicarse aquí a varias Diosas del Origen) se alió con el Demiurgo, como Siddha traidora, luego rebelándose contra el Demiurgo, y en alianza ahora con los Siddhas leales.

Lo cierto es que Lilith jamás se alió con el Demiurgo, sino que fue una estrategia para adentrarse en el mundo del Demiurgo, conociendo su plan desde dentro y pudiéndolo sabotear.

Cuando en el mito hebreo se menciona a Lilith como creación de Jehová, no es sino un recuerdo lejano, deformado mítica y culturalmente, en cuanto que Lilith alguna vez tuvo «cierto trato o acuerdo con el Demiurgo».

Según otras canalizaciones, Lilith originalmente estaba «dormida», teniendo luego su despertar, lo cual ocurre cuando los Siddhas se revisten de apariencia humana en el mundo demiúrgico.

Según el ocultismo de la Kabalah qliphótica, Lilith se halla en el dominio oscuro de los Qliphot, como su misma reina. Lo cual ha desconcertado a ciertos Viryas, no pudiendo sintetizarlo con el hecho de que el mundo de las Qliphas (reverso de las Sephiras), es una expresión oscura del Demiurgo.

Y han considerado así algunos, que debe tratarse de una Lilith arquetípica, distinta de la Lilith Hiperbórea del Origen.

El hecho es que Lilith/Lilithu se halla infiltrada en el mundo del Demiurgo, manteniendo desde los Qliphot su estrategia.

Y es que, siendo el reino Qliphótico el inconsciente demiúrgico, además de resultar más estratégico atacarlo desde allí, este inconsciente, como reverso opuesto de los Sephirot, tiene cierto referente al Origen, lo cual será maniobrado en su momento por Lilith, cuando el Demiurgo deba mirar de frente al Origen, sin poder negarlo, terminándose así su juego, y desvaneciéndose toda la ilusión.

Por otra parte tenemos el misterio de los Siddhas traidores, que entran en el mundo del Demiurgo, manteniendo su Vril y sin revertirse. Estos Siddhas «juegan» a olvidar el Origen, enmascarados bajo el aspecto de ángeles, seres alados celestiales que ocultan su lado reptílico.

Fueron estos Siddhas quienes mediante la clave genética inocularon en el Pasú el símbolo del Origen (que a partir de entonces mutó en Virya con la captura del Yo de un espíritu Hiperbóreo), y el gen reptil.

Es decir que los Viryas, genéticamente son «hijos de los Siddhas traidores», y los Viryas orientados y despiertos «hijos por adopción» de los Siddhas leales.

Dentro de la creación de este mundo, los Siddhas traidores reconocen al Demiurgo como único Dios, al cual asisten a cambio de un protagonismo esencial en su mundo. Es así que el Demiurgo les confió el poder del signo de Tipheret, que rige la belleza,encanto y fascinosum de este mundo, poder que mantienen y direccionan desde su morada Chang Shambalá, en el núcleo transituativo del sistema real Kalachakra.

Los Siddhas traidores, al igual que el Demiurgo, tampoco pueden resistir de frente el signo del Origen, ya que el despliegue de su ilusión se terminaría, no pudiendo negar el Origen.

Además de esto, los Siddhas traidores mantienen sus desavenencias con el Demiurgo, ya que de llegar el Maha Pralaya, con la desaparición o cierre de todo el escenario demiúrgico, también el protagonismo de los Siddhas traidores concluiría, ya que toda la creación sería reabsorbida en el Demiurgo, y ellos ya no tendrían ningún lugar o posición.

Debido a esta cuestión, los Siddhas traidores procuran retrasar el Maha Pralaya, interfiriendo en el proceso entelequial, para lo que favorecen a otras razas y pueblos, en vez de la elegida por el Demiurgo.

Esto se pone de manifiesto en facciones antagónicas de la sinarquía, que responden o bien al Demiurgo, o a los Siddhas traidores, teniendo cada raza su propio prototipo racial Manú.

Y el argumento de la traición también está signado en el fin de la historia, ya que aguardando tal momento preciso, algunos Siddhas traidores se cambiarán de bando, traicionando al Demiurgo.

Consideremos tan sólo que según la demonología clásica, muchos demonios se oponen a Jehová, en tanto que los ángeles le apoyan. Lo que comúnmente no se dice, es que estos demonios son desdoblamientos de los propios ángeles (camuflaje a su vez de los Siddhas traidores), desempeñando otro rol, y en oposición al Demiurgo.

De ese modo los llamados Siddhas traidores, en algunos casos pueden estar haciendo un doble juego simultáneo, apoyando al Demiurgo, y a la vez oponiéndose a él.

Consideremos por ejemplo la rebelión de los ángeles según el libro de Enoc, «ángeles» que copularon con la raza humana, y trajeron el conocimiento oculto (similar al fuego luciférico de Prometeo robado a los Dioses), lo cual remite con algunas variantes modificadas, al tema de la clave genética operada por los Siddhas traidores en este mundo del Demiurgo.

Más a pesar de eso, estos ángeles, liderados por Semiazza y Azazel, atrajeron por su accionar la atención e ira del Demiurgo, quién envió otros ángeles liderados por Miguel, para combatirlos.

Así se aprecia que en el ámbito demiúrgico, hay ángeles (Siddhas), que «juegan a dos puntas» como se dice, pareciendo actuar para el Demiurgo, a la vez que boicotean su obra.

De igual modo en el mundo «humano» de los Viryas, puede mencionarse el polémico caso de Aleister Crowley, quién fue un doble agente, colaborando como iniciado Druida para la sinarquía, a la vez que abrió determinados portales para los Primigenios que menciona Lovecraft (Siddhas), cuyo origen no es una creación demiúrgica de este mundo, sino que tienen su accionar controlado bajo una estrategia Hiperbórea.

Y tan solo digamos, que más allá de toda la trayectoria sinárquica y demiúrgica de Crowley (con su doble juego mediante), finalmente logró cruzar el abismo, tornándose transmutado en un «hermano negro» nuestro.

No podía ser de otro modo, siendo un Ipsissimus, o mago ocultista del grado y orden más elevado.

No obstante hay muchas categorías y no puede esta instancia generalizarse, siendo el tema sumamente complejo.

Más, el punto a tomar en cuenta desde la Sabiduría Hiperórea, es que en la batalla final se mostrarán los auténticos rostros y de qué lado está cada uno, más allá de las apariencias asumidas.

Esta batalla final suprametafísica, cabe aclarar, no está prevista en los designios demiúrgicos, y por lo tanto no ocurre en una instancia del devenir del tiempo (fluir de la conciencia del Demiurgo), sino antes del tiempo recargado de la Kalachakra, en el Origen, luego de la entrada por la puerta de Venus, donde se suscitó la división y conflicto.

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